Santa Cruz... for example

DIRECTOR’S STATEMENTS

Mientras en otoño del 2003 estaba ayudando en otro proyecto a mis amigos cineastas austriacos Hermann Peseckas y Karin Helml, Emilio Silva, el presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, nos propuso asistir a una exhumación de fusilados en la Guerra Civil que organizó la ARMH en un pequeño pueblo de Burgos, llamado Santa Cruz de la Salceda. 

Desde hacía tiempo el tema me interesaba mucho, pero nunca tuve ocasión de conocer a gente relacionada con ello y la oportunidad de asistir a una exhumación. Así que acepté en seguida cuando Hermann me propuso cubrir el acto con la cámara y hacer entrevistas a la gente. Recuerdo muy bien nuestra llegada: era una mañana con niebla, lluviosa y el forense Paco Etxeberría nos guió por teléfono móvil hasta un lugar escondido en medio de un bosque de pinos. Descendimos del coche y preparamos el micrófono y la cámara y lo primero que me llamó la atención fue el silencio respetuoso de la gente. Había familiares, amigos y voluntarios que rodeaban la fosa donde ya trabajaban los técnicos. La gente estaba tensa, como esperando con cierto temor que ocurriera algo inesperado, algo violento. No pude quitarme la sensación de que allí se estaba algo realizando un acto de cierta rebeldía pacífica. 

Me fije en las caras de los familiares. Había tensión pero sus expresiones estabajan relajadas, casi serenas. Me había esperado escenas dramáticas, gritos de rabia y muchas lágrimas, pero no fue así. 

Recordaba lo que nos había comentado Emilio: abrir la fosa es como una metáfora y tiene algo de terapia. Cuando se abre la fosa, se abre algo en el interior de los familiares de las víctimas. Cuando aparecieron los primeros restos, poco a poco la gente comenzó a hablar y toda la tensión desapareció. Lo que antes era un murmullo muy bajo se convertía ahora en conversaciones múltiples en las cuales las vivencias, las experiencias y los testimonios no paraban de brotar. Se veían las primeras sonrisas, luego lágrimas de alegría y al final incluso se impuso cierto ambiente festivo, muy comedido. Se estaba escribiendo historia - el último capítulo de la historia de un pueblo y todos nosotros formábamos parte en ello. 

Por la noche, después de quedar impresionados por lo rodando, decidimos sin dudarlo un segundo más dedicar toda una película a la exhumación y a la historia de esa gente como ejemplo de la lucha por algo que a nadie se le puede negar: los derechos humanos. Porque no hay duda de que este concepto incluye también poder enterrar dignamente a tu padre, hermano o abuelo, o poder contar sin vergüenza que fueron asesinados por ser representantes de una democracia con la que otros querían acabar.

Fue un shock para nosotros reconocer con que brutalidad fueron asesinados sus seres queridos y con que crueldad fueron reprimidos en los años de la dictadura. después de esto entendimos como ese brutal régimen pudo sobrevivir durante 40 años y pudo imponer un silencio absoluto sobre sus crímenes. Hay algo que todas las dictaduras utilizan para perdurar en el tiempo y que el franquismo practicó con "maestría": el terror por sistema durante los primeros años.

Después de unos meses de montaje e investigación decidimos volver al pueblo para preguntar a la población su opinión sobre la exhumación de la fosa cuya existencia era conocida por todos aunque la mera mención de ella había supuesto un tabú durante casi 70 años.

Nos encontramos con un lugar casi vacío, sumergido en el silencio que parecía incrustado en paredes desvencijadas y persianas cerradas.

Dimos con reacciones muy diversas que retrataban de forma sencilla la relación tortuosa que existe con el pasado en la Castilla rural.

Éramos "forasteros" cuya presencia se veía como intrusa. Nos miraban sin hostilidad pero con distancia y desconfianza. Pero poco a poco se nos abrieron puertas y corazones, y la memoria volvía aparecer. Mujeres y hombres de edad muy avanzada, pero también más jóvenes nos contaban como era el pueblo durante la República y durante los años de represión. Pero también lo poco que cambiaron las cosas con la llegada de la democracia. No faltaba la gente y representantes institucionales que no querían contestar, que huían de nosotros o que simplemente no querían saber nada de unos hechos que aun hoy parecen pesar sobre sus conciencias. 

El rodaje como el montaje fue una gran experiencia para mí. Me han enseñado mucho sobre la condición humana, incluso me ha devuelto cierta esperanza en el ser humano después de ver como hay gente que de forma voluntaria y sin apenas apoyo institucional emprende el camino de recuperar la memoria secuestrada de un país. Sin embargo me llena de vergüenza saber que lo ocurrido en Santa Cruz sigue pasando aun hoy en tantos lugares del mundo. Por eso espero contribuir a que al menos se sepa una parte de ello.

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